Esta mañana (edit: ayer por la mañana, que ya son más de las doce de la noche, así que la historia saldrá publicada como 25 de Agosto) me he acercado a primera hora a la comisaría, a poner la denuncia por el intento de robo del coche de esta madrugada.
A pesar de ser temprano, había una cola impresionante de gente esperando para hacerse su DNI, su pasaporte, o sus papeles de extranjería. Me han mirado con cara de envidia cuando me he colado entre ellos para hablar con el policía de la puerta y preguntarle dónde tenía que ir para poner la denuncia.
Es curioso, ya de lejos le he reconocido: cuarentón (aunque yo diría que más cerca de los cincuenta que de los cuarenta), con el pelo pincho teñido de rubio. El mismo que me gritó desde su coche patrulla la hermosa frase déjame probar tus peraaaaaaaaas hace un par de años. Él no me ha reconocido, creo, aunque tal vez a mis tetas sí: no ha dejado de mirarlas ni un segundo. En cuanto a mi cara, dudo siquiera que recuerde de qué color tengo el pelo. Aunque he de decir que, por lo que he visto en las tres horas que he pasado en la comisaría, ese policía mira la cara a los hombres y las tetas a las mujeres. ¿Se podrá reconocer a una mujer por la forma de sus tetas? Es algo que me he estado preguntando durante un buen rato.
El caso es que este señor me ha dado un papelito para que lo fuera rellenando con mis datos y con el motivo de la denuncia, me ha preguntado si había puesto la denuncia por internet o por teléfono, y cuando le he dicho que no, me ha soltado un ¡Mala suerte! Te toca pedir vez. He entrado a la minúscula salita de espera y me he sentado entre la gente; he preguntado quién era el último, como en la frutería, y me he sentido un poco rara. Hasta he podido oír un diálogo ficticio en mi cabeza.
—El siguiente.
—Yo, póngame cuarto y mitad de intento de robo de coche.
—¡Marchando! ¿Algo más?
—No, eso es todo.
—Son varios días en el taller y tres horas haciendo cola. Aquí tiene su atestado.
—Gracias, adiós.
El señor que me ha dado la vez me ha prestado un boli para rellenar el papelito. Era un señor ya mayor, me ha contado que había venido desde Guadalajara a ver a su hija, y que cuando ha ido a coger el coche hoy, se ha encontrado con la plaza de aparcamiento ocupada por otro coche, y el suelo lleno de cristales rotos. Otro señor, también anciano, ha intervenido en ese momento en la conversación: también le robaron el coche durante la madrugada, pero él no se ha enterado hasta esta mañana. Le han llamado para decirle que tenía el coche mal estacionado en mi barrio, con el bombín arrancado. El pobre hombre me ha dicho que vive bastante lejos de mi barrio, y que dejó su coche anoche en la esquina del bloque en el que vive. En ese momento nos hemos puesto los tres a charlar alegremente sobre nuestros respectivos coches; resulta que todos teníamos un coche bastante viejecito, y la historia quedaba muy perfecta y casual y muy propia de las historias de Paul Auster, hasta que ha intervenido un señor de mediana edad que también estaba allí dentro en la sala de espera, con su papelito ya rellenado, contándonos que él también estaba esperando para denunciar el robo de su coche. Su historia es distinta y nos ha chafado el momento Auster: se lo robaron anoche en ferias, a punta de navaja, cuando llevaba a su hijito a montar en los cacharritos en su flamante coche nuevo.
En ese momento ha empezado a llegar mucha gente. Dos señoras me han pedido la vez, y luego ha llegado una pareja muy joven, dos adolescentes acompañados de la madre de la chica. También ha llegado más gente, pero estos han sido listos y habían presentado su demanda por internet o por teléfono: resulta que si lo haces así, tienes preferencia para entrar. Ahí es cuando he entendido el ¡Mala suerte! del policía miratetas.
Cada vez hacía más calor en la sala de espera. Había aire acondicionado, pero una sala tan pequeña, y tan llena de gente, es imposible de refrigerar. Me he fijado en las máquinas de bebidas de la sala; la de café estaba junto a la pared, que por cierto, estaba toda salpicada de café (alguien debió perder la paciencia allí dentro algún día, si no, no se explican las manchas), y la de refrescos ofrecía todo tipo de latas por 0,60€. Eso sí, la cerveza sin alcohol estaba agotada.
La pareja de adolescentes me ha estado contando que les robaron anoche la cartera en la feria. Dicen que simplemente les dieron el típico empujón, de esos de ay, perdona, y que de repente ya no llevaban las carteras encima. Al chico le han jodido pero bien; me ha contado que empieza a trabajar el viernes, pero que tenía que ir hoy a la oficina de la Seguridad Social a por unos papeles, y que sin el DNI original o cualquier otro documento oficial no le dan nada. Así que se ha ido a poner la denuncia, pero a estas alturas aún no había entrado nadie de los que estaban esperando allí cuando llegué yo, lo que significa que yo ya llevaba allí dentro, esperando, cosa de una hora o así. El pobre chico estaba pensando que a ese paso le cerraban la oficina de la Seguridad Social antes de poder presentar su denuncia y obtener sus papeles.
Creo que más o menos a estas alturas me ha venido a la mente la típica imagen peliculera de un policía escribiendo con un solo dedo en una máquina de escribir del año 1.950. Se me podía haber ocurrido antes, porque ha sido pensar en eso y empezar a agilizarse el trabajo: por fin han empezado a llamar a gente de nuevo. Lástima que hubiera tanta gente esperando delante de mí. En fin, paciencia.
Me he vuelto a sentar, y de repente he visto a una señora a mi lado sangrando. Le he ofrecido un kleenex para que se limpiara un poco la sangre, pero me ha dicho que prefería que los policías la vieran así. Llevaba tres arañazos impresionantes cruzándole la frente desde el nacimiento del pelo hasta las cejas. Me ha contado que lleva dos años sufriendo agresiones por parte de un hombre que dice que la quiere, pero que ni siquiera es hombre como para atacarla él mismo: le manda a conocidas suyas, por eso de que son mujeres y los policías hacen menos caso de las agresiones perpetradas por mujeres. Esto último no sé si será verdad, pero la señora de los arañazos lo creía a pies juntillas. Es posible que tenga razón, supongo que después de dos años de denuncias sabrá de lo que habla.
Poco antes de que por fin me tocara entrar ha llegado un buen puñado de gente manchada de pintura amarilla, de arriba a abajo: resulta que algún gracioso se ha dedicado a tirar latas de pintura (literalmente, por lo visto a algunas personas les han caído las latas encima) desde una azotea de una de las calles más transitadas del centro de la ciudad. Me han contado que ha ido gente de la tele y todo a grabarles y a entrevistarles. Alguien ha llevado a un niño hasta la comisaría, un niño pequeño cubierto de pintura amarilla desde la coronilla hasta los tobillos. Le he saludado con la mano y me ha dicho ¡Hola! ¡Zoy un pollito! y se ha reído. La situación de la gente que ha venido a poner esa denuncia ha sido lo suficientemente cómica como para hacernos reír a todos los que estábamos en la sala de espera.
Por fin me ha tocado entrar. Me he sentado en la única mesa que había libre, justo junto a la puerta de entrada. Me ha atendido un policía joven, bastante guapo y muy amable, que me ha preguntado todo lo preguntable y ha tomado nota en su ordenador de absolutamente todo lo que decía. He tenido un momento de déjà vu al verle escribir con un solo dedo, pero luego me he sonreído para mí misma. He mirado de reojo a los otros dos policías que estaban atendiendo denuncias; el más alejado escribía aún más despacio que el que me atendía a mí, aunque la mujer policía que había en la mesa central ya sabía escribir con cuatro o cinco dedos.
El policía ha imprimido una copia del documento y me lo ha dado a leer, para ver si estaba conforme o si se me ocurría alguna cosa más que añadir. Al principio ha salido mi vena ortográfico-lingüística y he estado por corregirle cosas, pero la mera idea de volver a verle tardar cuarenta minutos en escribir un folio con un solo dedo me ha disuadido. Total, aunque fatalmente escrito, lo que ponía en la denuncia era exactamente lo que yo denunciaba... así que he dado mi visto bueno y he firmado el informe de atestados. Después me ha dado cinco copias más para firmar, y las ha sellado. Esas sí se las ha quedado.
A la salida he hablado un poco con el chico que necesitaba su denuncia, y le he deseado suerte a la mujer agredida. He bajado las escaleras de la comisaría y he visto por el rabillo del ojo al policía de la entrada. Le estaba mirando las tetas a una señora que hacía cola para el DNI.
Supongo que hay cosas que no cambian nunca.







adastra
25 ago 2006 | 10:36 AM
Tienes una forma muy cinematográfica de contar historias, Naranjita :) Me ha gustado mucho lo que has contado, aunque las circunstancias no tengan nada de risibles ;)
¡Un besote!
mandy
25 ago 2006 | 03:07 PM
Joder...¿vives en la selva? es que es leerte y darme ganas de comprarme una recortada, dada la evidente inutilidad policial(No digo que sean inutiles, pero o son poco eficaces, o es que hay que poner el doble, dado que no dan a basto...y de paso, podia trasladar lo de los pasaportes,dni, etc a otro lado o cambiar como se hacen, en Cartagena pasa igual, simplemente parece mentira que con todos los medios actuales aun existan colas...puro tercermundismo)...el dia en el que la gente deje de confiar en la policia, mal iran las cosas.
Un beso tambien(por cierto, el policia debia tener torticolis de tanto agachar la cabeza, porque para mirarte a ti...;-)
spike_mandrake
25 ago 2006 | 04:32 PM
Bueno, ya has pasado una parte del trauma. No sé qué más decirte: tal y como está el país en general y las ciudades madrileñas en particular, así coges experiencia. xDDDD
Mal chiste, mal chiste ...
Ains, espero que no tengas que recurrir a la policía más despues de que hagamos la Revolución e impongamos el orden a punta de pistola. :-)
Alf
25 ago 2006 | 08:30 PM
Jajaja, solo te faltaba haber puesto mas ambiente blade runner, o novela negra, falta el ventilador, el poli con la camisa sudorosa, jejejeje.
En ferias es lo que tiene, yo procuro evitarlas porque no tiene nada que termine siendo realmente interesante.
A mi me atracaron una vez en Alcala, en el o'donnel, fuimos con la policia a por ellos y cuando se metieron en el Lianchi, la policia no se quiso meter, asi que denunciamos, nos mostraron mogollon de fotos, pero como varias nos parecian que eran ellos, se quedo en eso en una denuncia.
Muy divertida la narracion.
agente_naranja
25 ago 2006 | 08:41 PM
Jeje, Alf, el problema no es ir a la feria... el problema viene cuando vives junto al recinto ferial. Lo quieras o no, te comes los marrones, sobre todo si no tienes garaje y tienes que aparcar el coche ahí en la calle.
Por suerte fue el Kadett y no el Vectra de mi padre, que sólo tiene un añito.
Un bezote (y no zoy un pollito!)
Sveret
25 ago 2006 | 10:58 PM
Sí, lo más curioso es eso, que tu coche no es nuevo... Vamos, que seguro que había coches más jugosos, aunque viendo el panorama tampoco pareciera que los quisieran para nada más que por pasar el rato... y que hay gente que se toma estas cosas con una tranquilidad absoluta, como el tipo al que se lo robaron a punta de navaja. Pardiez, que a esas alturas ya habrían pasado varias horas. ¿Por qué no fue antes? ¿No había un coche patrulla en algún punto de la feria?
Y lo de las comisarias, es normal. No que sean unos vagos, que haya un policía miratetas, etc. Simplemente me refiero a que les enseñan a usar su arma, no a usar un ordenador, y que por esta y otras causas como que la gente sólo puede acercarse a determinadas horas a la comisaría, las colas y el tiempo de espera aumentan.
Solución: ¿más personal y mejor cualificado?
muzaraque
25 ago 2006 | 11:57 PM
¿tu no veías canción triste de Hill Street?¿esperabas otra cosa?
Por cierto, la respuesta a la pregunta que te planteas es :Si.
Aloriel
26 ago 2006 | 01:03 PM
¿Se podrá reconocer a una mujer por la forma de sus tetas? Es algo que me he estado preguntando durante un buen rato.
Pues hablando del tema... sé de uno que le sacaba una foto a las tetas de todas las chicas con las que se iba a la cama. Luego esas fotos eran la imagen que asociaba a cada nombre del listín telefónico del móvil. Así que sí, es posible :-p
manuel h
2 sep 2006 | 05:15 PM
impresionante, de verdad, el relato en sí, y todo lo que cuentas.
beso
agente_naranja
3 sep 2006 | 04:09 PM
Gracias, Manuel. Me sentiría más halagada si el relato fuera producto de mi imaginación, pero por desgracia no hay ni una sola licencia poética... todo real, como la vida misma.
Eso sí, mis pensamientos durante las tres horas y pico que pasé en comisaría hablan por sí solos: creo que me estoy volviendo majareta xDDD
Y para impresionante, tu historia sobre Vinarder. No me estoy perdiendo ni un capítulo :-)
Un besote
maluquenia
7 oct 2006 | 07:14 PM
me ha gustado mucho tu narración, me ha servido para darme cuenta que las cosas son prácticamente iguales en todos lados... y que el mundo entero debería unirse para armar la revolución jeje
ahora entiendo porqué este es uno de tus post favoritos... está muy bueno!!!
salu2
Anandryne
9 oct 2006 | 05:53 PM
Menos mal que al menos, el miratetas no tomó nota con su máquina de escribir invisible...
Ad astra
7 feb 2007 | 10:17 PM
...a href="http://www.lacoctelera.com/agente_naranja/post/2006/05/31/pesaos">uno y dos). Yo me fijo en los culos. Me pierden los culos. Pero cuando una chica viene de frente...
Ad astra
7 feb 2007 | 10:39 PM
...a href="http://www.lacoctelera.com/agente_naranja/post/2006/05/31/pesaos">uno y dos). Yo me fijo en los culos. Me pierden los culos. Aunque claro, cuando vienen de frente el culo no está a la vista...